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lunes, 22 de diciembre de 2014

Yo fui a EGB 2 - Javier Ikaz y Jorge Díaz

Título: Yo fui a EGB 2
Autor: Javier Ikaz y Jorge Díaz
Editorial: Plaza & Janés
Año: 2014
ISBN: 978-84-013-4302-5
Nº de páginas: 288

Uno de los libros con cuya lectura disfruté enormemente el año pasado fue con Yo fui a EGB, por lo que cuando hace unas semanas salió a la venta Yo fui a EGB 2 y la editorial me ofreció un ejemplar para leer y reseñar en el blog acepté encantada con la certeza de que me iba a gustar tanto como el primero, como así ha sido.

En las primeras páginas Javier Ikaz y Jorge Díaz nos explican que, tras el éxito de Yo fui a EGB, recibieron muchas peticiones para que escribiesen una continuación con todo lo que tuvieron que dejar fuera y de ahí el volumen que tenemos ahora en nuestras manos, en el que se incluyen temas que no se habían tratado en el primero y se retoman otros que sí aparecieron pero sobre los que hay muchas más cosas que contar. Como os comentaba en mi anterior reseña, la EGB comprende un periodo que se extiende desde principios de los setenta hasta mediados de los noventa, por lo que es fácil deducir la dificultad de englobar tantos años en un único volumen.

Al igual que en el anterior, lo primero que llama la atención cuando lo tenemos en nuestras manos es lo cuidada que está la edición, la cual nos permite con un simple vistazo, gracias a las fotografías e ilustraciones incluidas, trasladarnos en el tiempo y revivir, en función de la edad que tengamos, lo que fueron nuestros años de infancia y juventud. A lo largo de las páginas nos vamos a encontrar, como ya ocurría en Yo fui a EGB, con divertidas sorpresas, guiños y algunos test para poner a prueba nuestros conocimientos, completándose todo ello con unos extras entre los que se incluyen pegatinas, un pequeño póster e incluso en las páginas finales El gran juego de la EGB, con el que podremos disfrutar en familia o con nuestros amigos.

Por lo que se refiere al estilo, Yo fui a EGB 2 está escrito siguiendo las mismas pautas que Yo fui a EGB y así nos encontramos con un tono coloquial y cercano gracias al lenguaje natural y sencillo que los autores emplean en la redacción. A lo largo de las páginas se va combinando el texto con las ilustraciones por lo que es un libro que se lee con mucha agilidad, resultando una lectura entretenida y que se disfruta enormemente por la capacidad que tiene de evocar entrañables recuerdos en nuestra mente.

Vuelven a ser diez los temas en los que se centra el libro, abarcando cada uno de ellos una temática diferente. “Maneras de vivir”, “Horror en el ultramarinos”, “Un tambor lleno de juguetes”, “¡Mi casa…! (ahí va, y la mía)", “Tecnología EGB”, “¿Echamos un partido?”, “Me paso el día bailando”, “Vaya, vaya, aquí no hay playa”, “Mirando la programación” y “Vuelve, a casa vuelve, por Navidad”, son los títulos bajo los que se engloba un recorrido por diferentes aspectos relacionados con dicha época, que van dando lugar a pequeñas subdivisiones. Así a lo largo de las páginas recordaremos cómo era la rutina de nuestro día a día, desde que sonaba el despertador para ir a clase hasta que nos volvíamos a acostar repasando las horas pasadas en compañía del chico/a que nos gustaba, el control sorpresa que habíamos tenido o las partidas que habíamos jugado en la sala de recreativos. Volveremos a visualizar la decoración de nuestras casas, con esas paredes que pasaron del papel al gotelé y con los famosos sillones de escay que tan poco nos gustaban… Pero también iremos de compras a la tienda del barrio, esa en la que podemos encontrar un surtido variado de todo lo que necesitamos ya sea comida, material escolar o juguetes, hasta que lleguen los hipermercados y nos quedemos fascinados ante su tamaño y variedad.

Los juguetes es un tema que ya vimos en el anterior libro pero debido a su amplitud se vuelve a incluir en Yo fui a EGB 2, y es que en nuestro tambor de detergente siempre estaba repleto y hacen falta muchas páginas para recordarlos todos, incluso los que venían de regalo con determinados productos o los que se compraban en el quiosco. Lo mismo sucede con los programas de televisión o la tecnología, si bien ya aparecían algunos en el anterior volumen aquí se vuelven a retomar estos temas, repasando algunos de los programas, personajes o momentos televisivos que más repercusión tuvieron, los pequeños electrodomésticos que facilitaban nuestra vida o los primeros ordenadores a los que tuvimos acceso. Música y deportes son otros dos aspectos importantes en esos años y es por eso que tienen un capítulo dedicado a cada uno de ellos en los que se nos habla de los deportes que practicábamos, mascotas o dibujos deportivos, portadas de discos, programas musicales o grupos y cantantes nacionales que escuchábamos.

Completan este recorrido dos temas vinculados en cierta manera con las vacaciones: la playa y la Navidad. La nevera portátil repleta de comida, la sombrilla floreada o el famoso balón de Nivea era algunas de las cosas que no podían faltar en las escapadas playeras, junto a nuestras “cangrejeras”, que curiosamente se han vuelto a poner de moda este verano. En Navidad poníamos emocionados el árbol repleto de adornos junto al portal y cantábamos villancicos en familia tocando con nuestra pandereta, esperando los momentos más emblemáticos de la televisión como eran el famoso discurso del rey, la retransmisión de las campanadas o el programa de humor con el que Martes y trece nos amenizaban la cena.

Como veis, un recorrido de lo más completo en el que iremos recordando cosas que quizás teníamos abandonadas en algún rincón de nuestra memoria y que gracias a Yo fui a EGB 2 volvemos a recuperar. Es por eso que la lectura de este libro resulta tan recomendable, supone un viaje en el tiempo que nos permite volver a ser niños durante unos instantes y recuperar algunos recuerdos entrañables que evocan los momentos felices que pasamos en esos años. Es difícil explicar las sensaciones que transmite por lo que lo mejor es experimentarlo por uno mismo puesto que si pertenecemos a esta generación, quien más y quien menos se va a sentir identificado con alguna de las muchas cosas que se comentan en las páginas, no solo con las imágenes sino con las experiencias e impresiones que sentíamos ante determinados momentos.

Como ya os comentaba en la reseña de Yo fui a EGB, una de las cosas que más me gusta de estos libros es, además de la sonrisa permanente que te acompaña durante su lectura, la capacidad de recordar cosas que tenías completamente olvidadas, aunque algunas aún estén en algún cajón de casa. Es el caso por ejemplo del estuche de Cuca-Dols, el juego para diseñar moda, las cajas de caramelos Rallye en las que guardaba mis cromos de palma, los masqueseros, la pipa y la bola que vuela, la colección de la pandilla basura, el vestido de la barriguitas para esconder el rollo de papel higiénico, el piano de Blancanieves y los Siete enanitos con el que ahora se lo pasa en grande mi sobrina, los rockys, el vestido de flecos indios, el castillo de Exin o el juego de En busca del imperio cobra entre otros.

La única pega que tienen tanto este como el anterior, es lo rápido que llegamos a la última página y volvemos a la realidad, la lectura es tan agradable que nos gustaría que siguiesen mostrándonos cómo era el mundo que nos rodeaba en aquellos años, en los cuales nosotros lo veíamos todo desde otra perspectiva, la de los ojos de unos niños que quedaban fascinados con cualquier pequeño cambio que se produjese. Y es que únicamente echando la vista atrás nos damos cuenta de cuánto ha cambiado todo, de cómo se han perdido algunas costumbres y se han ido modificando los hábitos en la sociedad, además de percibir el cambio que se ha producido en nosotros mismos, por entonces niños felices y sin responsabilidades, algo que ahora ha quedado atrás.

Llegados a este punto es evidente que el libro me ha encantado y que es una lectura que recomiendo sin ninguna duda, especialmente si estáis dentro de lo que se ha denominado “generación EGB”. Yo fui a EGB 2 es un libro que nos permite echar la vista atrás, algo que siempre resulta agradable, rescatando recuerdos y sensaciones que teníamos olvidadas y que nos permitirán disfrutar de esos años pasados que con tanta nostalgia y cariño recordamos. Por otra parte y teniendo en cuenta las fechas que se aproximan, creo que resulta una opción muy acertada para regalar estas navidades a aquellas personas que han vivido este periodo aunque no sean aficionados a la lectura, pues casi con total certeza van a disfrutar de todo lo que su interior ofrece. Así que ya sabéis, si tenéis algún conocido a quien no sabéis que regalar y encaja en el perfil, tanto Yo fui a EGB como Yo fui a EGB 2 son una opción a tener en cuenta.

Si te ha gustado mi reseña, puedes comprar Yo fui a EGB 2 a través de los siguientes enlaces:


Gracias a la editorial por facilitarme el ejemplar para su reseña

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Yo fui a EGB - Javier Ikaz / Jorge Díaz

Título: Yo fui a EGB
Autor: Javier Ikaz / Jorge Díaz
Editorial: Plaza & Janés
Año: 2013
ISBN: 978-84-01346712
Nº de páginas: 256

SINOPSIS: Lee la sinopsis de este libro pinchando AQUÍ

Pues sí, yo fui a EGB e imagino que muchos de vosotros también y al igual que yo, recordaréis esos años con nostalgia y cariño. Es por eso que cuando recibí un correo de la editorial en el que me ofrecían la posibilidad de recibir un ejemplar de este libro no lo dudé ni un minuto y acepté inmediatamente, sabía que iba a disfrutar muchísimo con una lectura que me llevaría de nuevo a mi infancia. A los pocos días llegó a casa el libro con una presentación muy cuidada pues venía en una carpetita como las que usábamos en aquellos años, llena de pegatinas. Un rápido vistazo a sus páginas ya me enganchó completamente y en cuanto tuve oportunidad me puse con la lectura. No os podéis hacer una idea de lo mucho que me ha gustado, la única pega que le puedo poner es lo poco que me ha durado este viaje pues en unas horas me encontraba ya cerrando el libro y regresando al mundo actual.

Antes de empezar a hablaros del libro, creo necesario definir lo que es o fue la EGB, siglas de Educación General Básica. La definición de la Wikipedia nos dice que es el "nombre que recibe el ciclo de estudios primarios obligatorios en varios países y que en España ya ha sido sustituido por otros". En las primeras páginas de Yo fui a EGB encontramos una explicación que nos ayudará a comprender mejor el concepto que viene asociado a la frase que da título al libro. La EGB comprende un periodo muy amplio que  va desde principios de los setenta hasta mediados de los noventa y hoy en día es una palabra que representa a toda una generación junto a los hábitos y costumbres que caracterizaban dichos años. 
 
Y del rescate en el tiempo de las costumbres, manías, momentos y objetos propios de esos años surge en un primer momento una página de facebook que alcanza los 600.000 “me gusta” en menos de un año y un blog www.yofuiaefb.com, que se convierten posteriormente en este libro en el que se ha recogido una pequeña parte de los muchos temas que aborda Yo fui a EGB en Internet. La edición del libro está cuidada al mínimo detalle y a lo largo de sus páginas encontramos diversas fotografías que acompañan a los textos así como sorpresas, guiños y algunos test con los que nos retan a demostrar que realmente pertenecemos a la generación EGB.

Son diez los temas en los que los autores se han centrado en Yo fui a EGB y cada uno de ellos da lugar a lo que podemos considerar un capítulo. Así tenemos "¿Qué queréis de merendar?" , "Enamorado de la moda juvenil", "Al recreo", "Aparta, que no veo la tele", "Carnet de videoclub", "A clase", "En el auto de papa", "Tópicos", "Si pasas por el quiosco, tráeme…" y "De doble pletina" en los que se recogen diversos aspectos relacionados con cada uno de los títulos. En todos ellos los autores nos van hablando en tono coloquial y con un lenguaje muy sencillo y natural de las cosas que hacíamos por entonces, todo ello ilustrado con fotografías relacionadas con lo que nos cuentan. A lo largo de estas páginas recordaremos las cosas que comíamos en aquella época, las chucherías que más nos gustaban, la ropa que usábamos, nuestros juegos favoritos, lo que veíamos en la televisión, la música que escuchábamos, las revistas, tebeos y libros que leíamos, lo que hacíamos en el colegio, la llegada del video y las películas que alquilábamos en el videoclub, los viajes que hacíamos en coche, nuestros cromos y coleccionables o los tópicos que hacíamos o decíamos.

El Frigopie y el Mikolapiz, los chicles Cheiw, el Bollycao, los relojes Casio, el chándal de tactel y las hombreras, los chinitos de la suerte, las canicas, la goma y la comba, el Tetris, los clicks, la Nancy, Mazinger Z o Los pitufos, el Un, dos, tres, La bola de cristal, Espinete, Verano azul, los dos rombos, el equipo A, los cuadernos Rubio, las plastidecor, los  cuadros de hilos, las casettes, los tapetes de ganchillo, la Súper Pop o la Teleindiscreta son algunos de los muchos temas que se van sucediendo a lo largo de las páginas de Yo fui a EGB, refrescándonos la memoria y exponiendo en algunos casos datos curiosos relacionados con los mismos que nos llamarán la atención, aunque  la mayoría de ellos lo que conseguirán será que nos volvamos a sentir niños por unos instantes, despertando sensaciones que creíamos olvidadas.

Y es que si hay algo que caracteriza a la lectura de Yo fui a EGB es su capacidad de trasladarnos en el tiempo y lograr que revivamos los momentos que han marcado nuestra infancia y adolescencia. Comienzas a leer el libro y se instala una sonrisa en nuestra cara que ya no nos abandona hasta cerrarlo, convirtiéndose en algunos casos en una risa sincera cuando nos sentimos identificados con las anécdotas o sensaciones que los autores exponen. Es algo que me ha llamado la atención pues me he visto reflejada en muchas de las situaciones descritas comprobando que no solo compartíamos objetos o aficiones sino que las emociones, inquietudes o deseos también eran comunes. Así por ejemplo me ha resultado curioso observar que no era la única que deseaba tener un rotulador color carne para poder dejar de pintar a las personas de color naranja o rosa, que soñaba con tener unos vaqueros Buonaventure que tan de moda estaban o que iba tan contenta con el chándal de tactel, calcetines blancos y zapatos.

Otro punto que me ha encantado es recordar cosas que tenía completamente olvidadas pero que al ver en las fotos que incluye el libro me han venido a la memoria como el libro de primero de EGB de Anaya, el rotulador con forma de ratón o las cartas de coches. Luego hay otras muchas que todavía puedo encontrar en casa de mis padres como los libros de los Cinco, la enciclopedia de los jóvenes castores, alguna Super Pop, mi carpeta repleta de recortes de fotografías, el Monopoly, mi Nancy, seguramente los coleccionables de Sensación de vivir que venían con Teleindiscreta y por supuesto canicas y peonzas sin olvidarme de aquel cubilete hecho con pinzas de la ropa que hicimos en clase de pretecnología para regalar en el día de la madre.

Siempre es agradable echar la vista atrás y más cuando estos recuerdos nos llevan a un periodo tan feliz como es la infancia. Aunque nos embargue la nostalgia y quizás consiga que nos sintamos un poco mayores, merece la pena observar como han cambiado muchos aspectos de la sociedad que nos rodea y sobre todo, revivir esas sensaciones que están aletargadas en un rinconcito de nuestra mente. Cuando nos sumergimos en la lectura de Yo fui a EGB nos olvidamos de todo lo que nos rodea, no nos importa si tenemos problemas o si la crisis nos afecta más o menos por que hemos vuelto a ser niños y como tal, vivimos en un nuestro mundo particular en el que aún tienen cabida los sueños y las ilusiones.

No puedo contaros mucho más sobre este maravilloso libro por lo que solo me queda recomendaros su lectura si pertenecéis a esta generación ya que estoy segura de que vais a disfrutar muchísimo con él. En mi caso tiene ya una posición privilegiada en la estantería, aunque es mi intención prestárselo a todos aquellos con los que he compartido esta generación para que experimenten las mismas sensaciones y disfruten volviendo a esos tiempos pasados que con tanta nostalgia recordamos.

 

 FUENTES: todas las imágenes que ilustran esta entrada pertenecen a este blog 


Gracias a Plaza & Janés por facilitarme el ejemplar


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