Autor: Kate Taylor
Editorial: Editorial Siruela
Año: 2012
ISBN: 9788498416510
Nº de páginas: 420
SINOPSIS: Lee la sinopsis de este libro pinchando AQUÍ
RESEÑA:
Hoy os traigo la reseña de un libro que, os adelanto, me ha
gustado mucho y es que Madame Proust y la cocina kosher es una de esas novelas
que creo que cualquier persona aficionada a la lectura debería leer por las
interesantes reflexiones que contiene y porque nos acerca a la vida del genial
escritor Marcel Proust. A pesar de que no había leído ninguna opinión sobre
ella su preciosa portada me llamó mucho la atención cuando la ví entre las
novedades de Siruela y gracias a que la editorial amablemente me envió un
ejemplar, he podido disfrutar de una novela que me ha sorprendido muy
gratamente.
Madame Proust y la cocina kosher es una novela en cuyo
interior se entrelazan tres historias muy diferentes entre sí pero con un nexo
común. En dos de ellas este vínculo se adivina fácilmente desde las primeras
páginas pero la tercera parece totalmente ajena y mientras lees no puedes
evitar preguntarte qué tiene que ver esa historia con el resto de la novela, interrogante
que finalmente encuentra respuesta cuando ya hemos avanzado bastante en la
lectura.
Estas tres historias nos llegan a través de tres voces
narrativas, pertenecientes a las mujeres que protagonizan cada una de ellas. Así
tenemos por un lado a la propia Madame Proust que da lugar al título, a quien
conoceremos por su nombre, Jeanne y que no es otra que la madre de Marcel
Proust, por otro lado está Marie Prévost, una joven traductora que se halla
trabajando en los diarios de Jeanne y por último a Sarah Bensimon, una niña
judía que tuvo que ser enviada por sus padres a un hogar seguro en Toronto
durante la ocupación nazi en París.
Como os decía, Marie es una traductora e intérprete de
conferencias en Canadá que por diversos motivos personales derivados de un amor
no correspondido, decide viajar a París para profundizar en la figura del
escritor Marcel Proust, autor de uno de los libros con los que ella se siente
más identificada, En busca del tiempo perdido. En la Biblioteca Nacional de
Francia descubrirá las libretas de Jeanne Proust en cuya traducción comenzará a
trabajar. Es así como vamos descubriendo la vida de esta mujer, que va
reflejando en estos diarios no solo sus propias actividades sino también las de
su familia, entre quienes destaca su hijo Marcel Proust.
Y por último tenemos la historia de Sarah Bensimon, una niña
judía que encuentra refugio en Canadá y que a lo largo de los años será incapaz
de superar esta terrible experiencia, convirtiéndose en una mujer que se aleja
de todos cuantos la rodean, incluidos su marido y su hijo, encontrando cierto
refugio en su cocina y en los platos de la cocina kosher.
Madame Proust y la cocina kosher es una novela que tiene una
estructura que puede parece complicada a simple vista, pero la autora consigue
enlazarlo todo con tal maestría que es imposible perderse en los múltiples
cambios de escenario. Está dividida en capítulos en los que se van alternando
estas tres historias sin un orden concreto pero de tal manera que se siguen
perfectamente y podemos diferenciar sin problema cual de las tres mujeres es la
protagonista en cada momento. El principal rasgo para diferenciarlas es su
estilo, cada una responde a unas directrices muy definidas por lo que se
aprecia claramente cuando cambiamos de escenario y como un pequeño añadido, la
historia recogida en las libretas de madame Proust se ha maquetado con otro
tipo de letra más pequeña, aunque aquí es necesario señalar que la maquetación
no es perfecta y existen algunos párrafos en los que al responsable de este
proceso se le olvido cambiar la tipología de la letra, un pequeño fallo en una
edición que de otra manera se notaría que está muy cuidada.

Las tres mujeres comparten protagonismo en igual proporción
y en general están muy bien definidas, con rasgos fácilmente identificables que
nos permiten simpatizar en mayor o menor medida con cada una. A Marie Prèvost
la conocemos en un momento de su vida marcado por la tristeza, el desánimo y el
dolor que acompañan a un desengaño de cualquier tipo, las ilusiones y
esperanzas rotas siempre nos sumergen en un estado de apatía del que es difícil
salir y que nos empuja a buscar un refugio. Marie lo encuentra en la prosa de
Marcel Proust, un autor que consigue reflejar en palabras muchos de los estados
por los que ella ha pasado a lo largo de su vida. Es un personaje al que
acompañamos en su melancolía, en los recuerdos de su pasado y en la evolución
hacia una nueva vida una vez superado el desengaño sufrido, el cual
descubriremos al final del recorrido de manera sorprendente pues la historia da
un giro completamente inesperado. Su trabajo como traductora hace que a través
de sus pensamientos queden plasmadas en la narración interesantes reflexiones
sobre este trabajo que la mayoría de las veces, tan poco valoramos los lectores
como por ejemplo la elección de las palabras que mejor encajan con lo que el
autor ha querido transmitir o con el vocabulario empleado en un periodo
concreto, no limitándose a utilizar el término traducido sin más.
Jeanne Proust es el personaje que más me ha gustado y sus
diarios son las partes del libro con las que más he disfrutado. Es una mujer
con mucha vitalidad, activa, positiva y sobre todo muy preocupada por su
familia, en especial por su hijo Marcel. Esto se refleja en sus diarios, en los
que vemos su carácter sobreprotector, nos habla del estado enfermizo de su hijo
y de la angustia que ella siente cada vez que tiene uno de sus ataques, además
de apoyarle incondicionalmente en su afán por convertirse en escritor. Pero la
vida de su hijo no es la única que queda reflejada en estas líneas sino que
también expone temas muy presentes en esa época como la separación entre la
iglesia y el estado, el cambio de siglo y los debates generados en torno al
mismo o todo lo relativo al Caso Dreyfus. Es así como los diarios se convierten en un retrato de la sociedad de
esa época desfilando personajes tan conocidos como Oscar Wilde, el conde de
Montesquieu o Pasteur entre otros muchos.
Sarah es el personaje con el que menos he llegado a
simpatizar y las partes que recogen su historia las que menos me han gustado. Es
una mujer marcada por su pasado, no ha logrado superar la separación de su
familia ni comprender los hechos tan terribles que les tocó vivir. Esto se
traduce en una melancolía que le ha acompañado durante toda su vida y le ha
impedido dar cariño o disfrutar del que recibe de todas las personas que la
rodean y se han convertido en su nueva familia, especialmente sus padres
adoptivos, a los que no puede aceptar. Esto en parte ha provocado que no sienta
simpatía por ella, me ha dado mucha pena la mujer que acoge a la niña en su
hogar e intenta darle todo el amor que puede, como si de una hija se tratase, pero
sin lograr acceder a ella, que siempre se muestra distante y poco receptiva, como
si esta mujer fuese la culpable de lo que le ha tocado vivir. Y tampoco es
capaz de amar plenamente a su marido, quien a pesar de todo la apoya y se
muestra comprensible ante los ataques que ella sufre de sobreprotección y
pánico ante lo que le pueda ocurrir.
El aspecto que más me ha gustado conocer a través de su
personaje es todo lo relativo a la cocina kosher, quizás Sarah lo lleva a unos
límites extremos pero me ha servido para descubrir las pautas que se siguen en
este tipo de cocina, la importancia que tienen determinados alimentos o la
prohibición de mezclar otros.
Como protagonista de la mayoría de las entradas del diario
de su madre, Marcel Proust también adquiere una gran relevancia en esta novela
y se convierte en uno de los personajes más atractivos, al menos para mí. He de
reconocer que tenía pocas referencias de este escritor, pero a través de esta
lectura he profundizado en su personalidad, en su forma de vida siempre
limitado por los constantes ataques de asma que le mantenían postrado en cama y
en los duros comienzos que tuvo como escritor. Moviéndose siempre entre la alta
burguesía, frecuentado los salones y círculos aristocráticos de la época, donde
está en contacto con el ambiente más selecto de la vida parisina.
A pesar de
que a través de la lectura podemos intuir la homosexualidad de Proust, es algo
que su madre nunca reconoce expresamente en sus diarios, en los que sí habla de
las amistades de su hijo y de como sufre ante los desplantes de algunos de sus
amigos. Resulta llamativo como aunque su madre le ayuda y le apoya en esta
faceta dedicada a la literatura, su padre en ningún momento cree que vaya a
conseguir nada, sino que será todo una pérdida de tiempo y ambos mueren sin ser
conscientes del éxito que tendrá pasados los años su hijo. En relación con este
punto son muy interesantes las reflexiones de madame Proust al respecto como
cuando le aconseja que no solicite reseñas de su libro porque los escritores de
prestigio no hacen esas cosas.
Al final del libro la autora incluye un epílogo final en el
que expone que la historia que queda reflejada en los diarios de madame Proust
es ficticia, se ha basado en los hechos reales y conocidos de la vida de Proust
para dar forma a lo que habría sido el día a día de esta mujer y únicamente un
par de referencias sucedieron realmente.
Como veis es un libro muy completo e interesante, quizás no
sea una lectura recomendable para todo tipo de público ya que su carácter
pausado, el tono intimista y reflexivo de algunas partes y el periodo en el que
se sitúa pueden resultar poco atractivos para aquellos lectores que busquen un
tipo de literatura más ligera y fácil de leer. Pero si creéis que encaja en
vuestros gustos os lo recomiendo sin ninguna duda, lo mismo que a todos
aquellos que se quieran adentrar un poco en la vida del escritor Marcel Proust.
Puedes adquirirlo en Casa del Libro
FUENTES: imagen autora http://www.protagonize.com/group/20-writerly-questions/topic/1950
imagen Marcel Proust http://es.wikipedia.org/wiki/Marcel_Proust
imagen Madame Proust https://geniusmothers.com/genius-mothers-of/famous-artists-writers-musicians/Jeanne-Clemence-Weil/
Gracias a Siruela por facilitarme el ejemplar