Autor: Miguel Albandoz
Editorial: Nieva Ediciones
Año: 2010
ISBN: 978-84-937-5605-5
Nº de páginas: 269
SINOPSIS: Lee la sinopsis de este libro pinchando AQUÍ
Hace
ya bastante tiempo que UnSurConMuchoNorte se puso en contacto conmigo y
me regaló esta novela que, por unas cosas y otras, se fue quedando en la
estantería hasta hace unos días en que gracias a un intercambio de mails, por fin la rescaté y comencé con su lectura.
Detrás
de este título tan curioso se esconde una novela que, en cierta forma,
podríamos calificar de coral, pues a lo largo de sus páginas vamos
siguiendo el curso de las aventuras de varios personajes que por diversos motivos acaban relacionados entre sí. Así por una parte conocemos a
Facundo Palomero, a quien le sonríe la fortuna tras largos años de
quinielista cenizo, acertando catorce apuestas y cambiando este premio
su vida, que se vuelve más holgada y despreocupada.
Por
otra parte está Vicente Valladar, presidente de Apochical, fundación de
“Apoyo a las chicas de alterne”, quien a causa de su afición a las
apuestas se encuentra en una comprometida situación que en caso de no
solucionar, hará que tenga que hacer frente a un ajuste de cuentas.
Junto
a ellos también nos encontramos a Virgilio, dueño de la única librería
de todo Quintana Salceda y amigo íntimo de Facundo, a Hermógenes
Portosilandínez, carbonero en paro que acaba de
completar un cursillo de control de plagas con el que espera sacar algún
dinero extra al margen del subsidio de desempleo, o a doña Justa, vecina
de Facundo y a quien no le agrada nada la nueva situación que tiene
ahora su vecino.
Estos
y otros personajes se van sucediendo a lo largo de las páginas de la
novela, dando lugar a una serie de estrambóticas situaciones en las que
sus vidas se irán entrelazando de una forma u otra hasta llegar al
desenlace de la historia.
Nos
encontramos ante una novela escrita en clave de humor que cumple su
propósito resultando una lectura entretenida. Yo no soy aficionada a los
libros de humor, únicamente los que se encuadran dentro del chick lit
me llaman la atención y por eso son pocas las veces que me animo con
este tipo de obras, como habréis podido comprobar por las escasas reseñas
que he publicado dentro de este género en estos tres años.
La
lectura de Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo no me ha
llevado demasiado tiempo pues su corta extensión permite que se pueda
leer sin problemas en un par de tardes. La novela se encuentra dividida
en treinta capítulos a lo largo de los cuales se va desarrollando la
trama alternando entre los diferentes personajes en torno a los cuales
esta se va construyendo. De esta manera, los primeros capítulos están
centrados en presentar a cada uno de ellos junto a la situación en la
que se encuentran para a continuación, comenzar a enlazar sus diferentes
historias individuales. En mi caso, los primeros capítulos no
consiguieron despertar mi interés pues no veía una clara relación entre
lo que me estaban contando, pero una vez que los diferentes personajes
empiezan a entrar en contacto y vamos viendo cómo están relacionados, la
lectura se volvió más interesante, con lo que esta parte me ha gustado
más.
Por
lo que se refiere a su prosa, Miguel Albandoz emplea un estilo ameno,
claro y sencillo, con abundantes diálogos que agilizan la lectura y a
través de los cuales además queda reflejada la personalidad y nivel
económico y social de cada personaje, por lo que el lenguaje en ellos se
vuelve coloquial.
Como
señalaba anteriormente, Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo
es una especie de novela coral y así son muchos los personajes que
tienen una posición principal al protagonizar su propia historia, aunque
posteriormente todas desemboquen en una misma línea argumental. El
grupo de amigos formado por Facundo Palomero, Vicente Valladar y
Olegario Morón junto a Virgilio Mier, Evaristo Rominchal, Hermógenes
Portosilandínez y la señora Justa son los ocho personajes en torno a los
cuales se va desarrollando todo, respondiendo a diferentes caracteres
que en algunos casos resultan más carismáticos que otros pero que en
general responden a figuras que podríamos encontrar en cualquier pueblo.
Miguel Albandoz perfila a sus personajes con naturalidad, ofreciendo la
información precisa para que nos hagamos una idea de cómo es cada uno a
nivel psicológico y no es un libro que requiera una evolución en los
mismos por lo que en este sentido no va a haber cambios significativos
en sus perfiles.
La
acción tiene lugar en la provincia de Burgos, alternando entre Burgos y
un pequeño pueblo denominado Quintana Salceda que no destaca por nada
especial, encajando su forma de vida y ambiente con el que se respira en
otros muchos pueblos de España. Sin entrar en excesivas descripciones
el autor nos hace un retrato bastante claro de su apariencia, señalando
los establecimientos que en el mismo existen, la forma de vida y
costumbres de sus vecinos, la distribución de sus calles, el clima o las
festividades, logrando que finalicemos la lectura con la sensación de
que hemos hecho un corto viaje a esta localidad.
En
definitiva, como deja intuir su título, Tengo ganas de morirme para ver
qué cara pongo es una novela escrita en clave de humor y que está
construida a través de situaciones cotidianas que marcan el día a día de
sus protagonistas, llegando en algunos casos a resultar un tanto
absurdas o irreales. Una lectura ágil y entretenida con la que pasaréis
un rato ameno y divertido, por lo que resulta ideal para desconectar en determinados momentos.
