Autor: Sophie Hannah
Editorial: Duomo Ediciones
Año: 2014
ISBN: 978-84-153-5560-1
Nº de páginas: 448
SINOPSIS: Lee la sinopsis de este libro pinchando AQUÍ
Hace
unas semanas Laky propuso una lectura conjunta de este libro,
organizando un sorteo de ejemplares para que quien estuviese interesado
pudiese participar en la misma. La sinopsis de la novela despertó mi
curiosidad por lo que me apunté y tuve la suerte de ser una de las
ganadoras, recibiendo mi ejemplar a los pocos días.
El
argumento de La cuna vacía gira en torno a los casos de Helen Yardley,
Sarah Jaggard y Rachel Hines, tres mujeres cuyos bebes han muerto de
forma inesperada y sin una causa determinada, siendo ellas acusadas de
asesinar a sus propios hijos.
Tras
ser condenada y cumplir varios años de cárcel, la Comisión de Revisión
de Casos Criminales interpuso recurso contra la sentencia que condenaba a
Helen Yardley, siendo puesta en libertad y dedicándose, a raíz de su
experiencia, a ayudar a todas las personas que eran acusadas o
condenadas por error de ser los culpables de una muerte infantil sin
explicar, siendo Sarah Jaggard y Ray Hines dos de las muchas mujeres
puestas en libertad gracias a la labor de Helen.
Junto
a Helen, otra persona muy vinculada a esta lucha es el periodista y
productor de televisión Laurie Nattrass, quien desempeñó un papel de
primer orden en la campaña en pro de la liberación de Helen, y que lleva tiempo trabajando en una película sobre estos
casos que acaba dejando en manos de una de sus empleadas, Felicity
(Fliss) Benson, cuando le ofrezcan un puesto en otra compañía. Será así
como ella se acabe haciendo cargo de las entrevistas a los implicados en los mismos para intentar con este documental sacar a la luz toda la
verdad.
Pero
todo se complicará cuando Helen Yardley aparezca asesinada en su casa
con una tarjeta que ha dejado el asesino en uno de sus bolsillos que
contiene dieciséis dígitos a los que la policía no es capaz de encontrar
una explicación.
A
pesar de que La cuna vacía no me ha resultado una lectura adictiva en
general he disfrutado con ella y me ha parecido entretenida. Al
principio me costó un poco meterme en la trama y hacerme con los
personajes debido a la estructura que sigue, pero una vez superadas
estas páginas iniciales la he leído con bastante agilidad.
La
novela sigue una estructura que me ha resultado original aunque
requiere un poco más de atención para no perder el hilo de la narración.
Tras una pequeña introducción nos encontramos con una división en tres
partes que a su vez vienen subdivididas en capítulos numerados. Estos
capítulos van alternando dos hilos narrativos, por una parte tenemos
aquellos que son narrados en primera persona por Fliss Benson y por otra
los que emplean un narrador en tercera persona desde los diversos
puntos de vista de los miembros encargados de la investigación. Ambas están relacionadas entre sí y avanzan de
manera paralela y complementaria, por lo que a mí me han resultado
igualmente interesantes y estaba deseando llegar al final para descubrir
el desenlace. Es fácil
diferenciar unos de otros pues además de cambiar el narrador todos
empiezan indicando la fecha en la que tiene lugar la acción, utilizando
un formato diferente en cada caso. La estructura queda completa con la
introducción de partes aisladas que recogen fragmentos de un libro
escrito por Helen Yardley, transcripciones de las entrevistas realizadas
para la película, textos escritos por Laurie Nattrass o artículos
publicados en el periódico. De esta manera tenemos un complejo puzzle
cuyas piezas es necesario ir encajando para comprender todo lo que ha
sucedido en torno a los casos de infanticidio de los que las mujeres han
sido acusadas.
En
cuanto al estilo, Sophie Hannah emplea una prosa clara, sencilla y
directa, de fácil lectura y comprensión, con abundantes diálogos que dan
agilidad y manteniendo en general un ritmo intenso que mantiene la
tensión y el interés del lector.
El
principal problema que yo he encontrado en La cuna vacía han sido sus
personajes, con los que me costó bastantes páginas hacerme y tener claro
cual era su papel en la historia. Por lo que indica en su
contraportada, esta novela pertenece a una serie protagonizada por los
detectives Simon Waterhouse y Charlie Zailer, de la cual yo no he leído
ningún otro libro y eso se ha convertido en un pequeño obstáculo a la
hora de identificarlos. La autora comienza metiéndonos directamente en
la historia y llega un punto que en el que no sabía muy bien cual era la
función exacta de cada uno, sobre todo en el caso de los miembros de la
Brigada de Investigación Criminal encargados del caso. Supongo que
aquellos lectores que han leído algún otro libro de la serie no tendrán
este problema, por lo que no puedo decir que sea un punto negativo.
Así
y teniendo en cuenta las dos líneas que sigue la novela, por una parte
están el sargento San Kombothekra, el agente Simon Waterhouse, la agente
Charlie Zailer y el inspector Giles Proust a quien apodan Muñeco de
nieve. Estos son los principales personajes que encontraremos de forma
común en el resto de libros de la serie y se nota tanto en su
caracterización como en su evolución, no entrando en demasiados detalles
sobre su psicología o sobre sus pasados y dando por conocido lo que ha
ocurrido en las novelas anteriores como por ejemplo la relación
existente entre Simon y Charlie que supongo habrá seguido un proceso
progresivo, pues en este volumen llevan solamente seis meses viviendo
juntos y están preparando su boda.
Papel
destacado juega Fliss Benson pues se convierte en narradora de buena
parte de los capítulos, aunque para mí ha sido un personaje
completamente plano y no me ha convencido el desarrollo que la autora le
ha dado, sobre todo en lo relativo a su trato con Laurie. Su carácter ha hecho
que desde los primeros capítulos no me haya caído bien, al igual que tampoco
lo ha hecho su jefe.
La
galería de personajes principales queda completa con Helen Yardley,
Sarah Jaggard y Rachel Hines que resultan interesantes desde el punto de
conocer sus experiencias y reacciones tanto ante la muerte de los niños
como ante las acusaciones a las que han tenido que hacer frente.
Y
es que un aspecto interesante en esta lectura es sin duda su punto de
partida en torno al Síndrome de muerte súbita infantil. En este caso se
aborda cómo afecta a las familias que lo sufren, la dificultad de
determinar si ha sido una muerte natural o provocada o las diferentes
reacciones que se producen ante un hecho así. La autora plantea este
tema desde diferentes puntos de vista, aportando argumentos en torno a
uno u otro y en este sentido es una lectura que nos hace pararnos a
reflexionar sobre esta cuestión. Resulta inquietante colocarse en la
situación de una madre inocente acusada de matar a sus propios hijos y
sin posibilidad de demostrar lo contrario, viendo como su vida se
desmorona y sumando al dolor de la perdida de un hijo la carga de sufrir
una acusación de este tipo.
En
definitiva, La cuna vacía es una novela con la que creo que disfrutarán
los aficionados a los thrillers psicológicos siempre teniendo en cuenta
que forma parte de una serie y aunque se puede leer de forma
independiente, pienso que siempre se disfrutará más habiendo leído los
anteriores. Una obra entretenida que mantiene la tensión y el suspense y
que nos plantea un argumento interesante en torno al síndrome de muerte
súbita haciéndonos reflexionar sobre la dificultad de explicar las
causas de estas muertes y las consecuencias que las mismas tienen para
los padres o cuidadores.
FUENTES: imagen autora aquí
