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viernes, 23 de diciembre de 2016

Sin billete de vuelta - Pablo Olóndriz

Título: Sin billete de vuelta
Autor: Pablo Olóndriz
Editorial: Autoeditado
Año: 2013
Nº de páginas aprox.: 169

Conocí (virtualmente hablando) a Pablo Olóndriz hace unos años cuando contactó conmigo para consultar si sería posible realizar una colaboración en el blog. Aunque es algo que no suelo hacer, me gustó su propuesta y a raíz de ahí surgió Un viaje a través del tiempo y de la lectura, un post en el que hablaba sobre el lector electrónico. Unas semanas más tarde me sorprendió con la noticia de que su primer libro, Vivir bien con 300 € al mes, salía a la venta y me hizo llegar un ejemplar, al que siguió unos meses más tarde Sin billete de vuelta. Desde entonces han pasado tres años en el que ambos libros han estado en mi Kindle esperando su turno y no ha sido hasta hace unos días cuando, revisando títulos, me animé a leer las primeras páginas de Sin billete de vuelta, que me atraparon de tal forma que ya no pude abandonarlo.
Pablo Olóndriz

¿Que vamos a encontrarnos en "Sin billete de vuelta"?. Pues la verdad es que esta obra es difícil de encasillar en un género concreto pero podríamos decir que es un libro de viajes, aunque no un libro de viajes al uso ya que Pablo va a realizar un viaje tanto externo como interno, invitándonos a acompañarle en ambos, por lo que su planteamiento también puede encajar dentro de los libros de autoayuda. Y yo no soy aficionada a este tipo de obras pero en este caso la lectura me ha resultado muy entretenida, aunque es cierto que he disfrutado mucho más con las partes que se centran en el viaje propiamente dicho.

Al igual que muchos de nosotros, Pablo Olóndriz siempre había tenido el sueño de viajar, pero en su caso no unas vacaciones, sino en plan mochilero al otro lado del planeta. En agosto del año 2012 decidió que había llegado el momento de cumplir ese sueño. Había finalizado la carrera, no tenía trabajo ni gastos fijos que afrontar, por lo que dejó Barcelona para irse a vivir a Malasia, donde quería empezar una nueva etapa sin ningún plan preestablecido, únicamente disfrutar de su vida y aprender, al mismo tiempo que visitaba distintos lugares. Y de esta manera, con una mochila como único equipaje, es como pasó los siguientes ocho meses, viajando por Malasia, Tailandia y Omán, descubriendo su cultura y paisajes, conociendo gente, y sobre todo, viviendo experiencias únicas e irrepetibles.

Langkawi
Todo esto lo fue recogiendo en un blog personal en el que contaba las cosas que le pasaban además de exponer sus pensamientos y sensaciones interiores, y de la recopilación de estos post surge este libro. De esta manera se estructura en cuatro partes que abarcan los tres países que visitó además de los preparativos en España y que se completan con un prólogo inicial y una parte final en la que habla de la vuelta a casa. En cada una de estas partes se engloban las diferentes entradas escritas durante el periodo que vivió en esos lugares y al igual que sucede en nuestros blogs, todas se abren con la indicación de la fecha y un pequeño título. El estilo con el que está escrito es sencillo y cercano, coloquial, pues no deja de ser una especie de diario en el que Pablo va escribiendo día a día igual que lo podríamos hacer cada uno de nosotros, con lo que en el libro predomina el carácter íntimo y personal.

Todo lo referente al sudeste asiático me llama mucho la atención, por lo que para mí uno de los mayores atractivos del libro han sido los países en los que Pablo Olóndriz estuvo viviendo. Me ha gustado mucho conocer un poco más de ellos a través de las experiencias que Pablo va experimentando ya que además de hablar de lo que hace cada día, incluye descripciones de los lugares que visita y aporta datos muy curiosos, información que la mayoría de las veces no aparece en las guías de viaje al no ser de interés para los turistas pero que a mí me ha encantado descubrir. Kuala Lumpur, Georgetown, Langkawi, Chiang Mai, Oman o Dubai son algunos de los exóticos destinos en los que Pablo se establece durante un tiempo, en algunos simplemente disfrutando de la estancia y en otros trabajando cuando la reducción de sus ahorros así lo requiere. Cada uno de estos sitios tiene algo que destacar pero hay ciertas vivencias que a mí me han sorprendido más como su estancia en Tacomepai, una granja orgánica donde se enseña permacultura, que es un término que nunca había oído, o los días que pasó en Wat Ram Poeng, un centro de meditación ubicado a las afueras de Chiang Mai.
Chiang Mai

"Sin billete de vuelta" es un libro que creo que puede resultar útil para aquellas personas que estén interesadas en emprender un viaje de este tipo. Yo reconozco que soy muy poco aventurera y me asaltan todos los miedos a los que Pablo hace referencia en las primeras páginas de su libro al pensar en vivir una experiencia de este tipo. Pero me dan muchísima envidia estas personas que se van de viaje en plan mochilero, sin nada preparado y con el único propósito de disfrutar al máximo. A través de este libro he descubierto dos webs imprescindibles para viajeros: Couchsurfing, que sirve para contactar con personas de cada región que te pueden alojar de forma gratuita en su casa, y Workaway, en la que encuentras personas que necesitan gente para trabajar con ellos. Y visto así como lo cuenta Pablo, pues todo parece tan sencillo que te entran ganas de coger la mochila con cuatro cosas y poner rumbo a uno de esos destinos con los que siempre has soñado, llegando incluso hasta a ingresar en ese centro de meditación, algo que al principio me pareció una locura pero que luego da la sensación de ser algo increíble que merece la pena vivir.

Sin embargo, no todos los episodios del libro me han gustado por igual. Os decía al principio que Sin billete de vuelta recogía el viaje exterior e interior que Pablo había realizado, y son esas partes más introspectivas las que en algún momento han ralentizado un poco mi lectura, recordándome a esos libros de autoayuda que no me gustan demasiado. Imagino que esto dependerá de la situación en la que te encuentres o de la afinidad que tengas con las ideas del autor, y lo digo porque las entradas en las que habla de su intención de trabajar por internet sí me han parecido de lo más interesante ya que es un proyecto que he tenido, y sigo teniendo, en mente. Es decir, que al final este tipo de libros nos atraen en función de la mayor o menor ayuda que veamos en ellos ya que si lo vamos a poner en práctica, sí que son útiles.

Dice Pablo en las páginas finales que este viaje ha sido una de las mejores cosas que ha hecho en su vida y eso es algo que queda demostrado en las experiencias que recoge en este diario. Sin billete de vuelta es un libro escrito de una forma amena y cercana con el que creo que disfrutarán todos aquellos a los que les guste viajar, o que simplemente se sientan atraídos por los destinos que el autor recorre. Y si vuestro sueño también es realizar un viaje de este tipo, creo que en su interior encontraréis el impulso definitivo.

Si te ha gustado mi reseña, puedes comprar "Sin billete de vuelta" a través del siguiente enlace:


Gracias al autor por facilitarme el ejemplar para su reseña

jueves, 9 de mayo de 2013

UN VIAJE A TRAVÉS DEL TIEMPO Y DE LA LECTURA

 Por Pablo Olóndriz, de ComprarebookYa. 

Estamos en el año 1429 d.C. Un avispado orfebre alemán, llamado Johannes Gutemberg, se asocia con un banquero llamado Johann Fust con la finalidad de publicar el primer libro tipográfico del mundo, el “Misal de Constanza”. Hasta entonces, todos los libros se habían copiado a mano, con la caligrafía exquisita propia de los monjes o frailes que se dedicaban a este menester, lo que hacía que un libro encargado tardase años en entregarse. 

Gutemberg, poco después, apostaría a ser capaz de crear una Biblia en menos de la mitad del tiempo del que tardaban los más rápidos copistas de la época. Para ello pidió otro crédito al banquero Fust, a la vez que, como garantía, se comprometía a trabajar codo con codo con el sobrino de éste, Peter, para que vigilase de cerca la inversión de su tío. 

Al cabo de dos años, cuando Gutemberg estaba cerca de terminar las 150 copias de la Biblia que se había propuesto, se le acabó el dinero. Johann Fust no quiso entonces ampliarle el crédito, quedándose en una hábil maniobra con todo el negocio y poniendo al frente a su sobrino, ducho ya en las artes de la nueva impresión como aprendiz de Gutenberg. 

Gutenberg salió de su imprenta arruinado y se cuenta que fue acogido por el obispo de la ciudad, el único que reconoció su trabajo hasta su muerte, pocos años después.

Un final no muy feliz para el ahora reconocido inventor de la imprenta.

Desde 1429 hasta el año en el que nos ocupa, 2013, poco han cambiado los libros en papel. La diferencia es que ahora se utilizan ordenadores para escribirlos y editarlos y que las imprentas digitales poco tienen en común con el aparato manual de la época de Gutemberg. Sin embargo, el resultado final no es muy distinto. Ambos son de papel, tienen portada, hojas, se pueden oler, tocar, sentir...

Con el auge de los ordenadores e internet en estas últimas décadas, muchas personas también han pasado a leer en pantallas, con las ventajas y desventajas que eso supone. Un día, alguien debió preguntarse: ¿podría tener un aparato electrónico en el que leer, que me pudiera llevar a todas partes y que además no me cansara la vista?  

La respuesta vino en el 2004 de la mano de otra invención, que es la que nos ocupa en este artículo.

El lector electrónico. 

También llamado lector de ebooks o e-reader en inglés. El lector electrónico intenta que la experiencia de lectura tenga el mayor parecido posible con los libros de toda la vida, a la vez que implementa todas las ventajas de ser un aparato electrónico. 

Actualmente, tienes la oportunidad de llevar miles de libros en un mismo dispositivo, más incluso de los que podrías leer en toda una vida. También puedes descargar en cuestión de segundos, vía WiFi, cualquier título sin tener que invertir el tiempo de moverte para buscarlo en librerías. Muchos de ellos permiten también consultar de manera inmediata el significado de palabras o realizar traducciones en el diccionario incorporado e incluso, los más modernos, incorporan una pantalla retroiluminada para leer por la noche o cuando las condiciones lumínicas no son apropiadas.  

El punto principal de cualquier lector es su pantalla. Si es de tinta electrónica, significa que no nos cansará la vista y podremos leer libros todo el tiempo que queramos sin notar molestia alguna, como hacemos con cualquier libro físico. Si su pantalla es diferente entonces no es un e-reader, sino una tablet y no nos servirá para leer de manera apropiada, pues con el tiempo notaremos ese cansancio en los ojos. 

Sin embargo no todo son ventajas para estos nuevos aparatos que cada vez cogen más fuerza en el mercado. Con un e-reader no puedes hacer otras muchas cosas. No puedes tocar el libro que estás leyendo, no puedes apreciar cómo es su forma, no puedes olerlo… 

Y si algún día estos lectores sustituyeran por completo al libro físico no tendría entonces ningún sentido ir a una librería, así como tampoco existirían las bibliotecas públicas y en nuestras casas no tendríamos estanterías llenas de volúmenes, que tan bien quedan y por las que tanto orgullo tenemos. ¿Dónde quedaría el romanticismo de encontrar un libro, cogerlo, darle la vuelta para leer su contraportada, hojearlo un poco…? 

Sería un panorama vacío y triste para los verdaderos amantes de la lectura. Una auténtica pesadilla que haría revolverse en su tumba al mismo Johannes Gutemberg.

Es por ello que muchas personas consideran casi un sacrilegio el utilizar un lector electrónico y se niegan en rotundidad a darse a sí mismos una oportunidad de probarlos. Hay miedo, miedo a que esa pesadilla con el panorama que acabamos de describir pueda convertirse un día en realidad.

Pero, ¿por qué tenemos que ser excluyentes? 

Hay otra alternativa a decantarse por una u otra experiencia de lectura y esa es la llamada convivencia. Los e-readers no han venido para reemplazar a los libros físicos, sino para convivir pacíficamente con ellos. Al fin y al cabo, todos acabamos leyendo en ambos formatos. 

Por lo tanto, un sábado por la tarde podemos seguir yendo a visitar nuestra librería preferida del centro para comprar ese nuevo libro. Más tarde, ya en casa, empezaremos a leer nuestra adquisición y una vez acabado el libro, lo pondremos junto con los demás en la estantería de nuestra habitación. El lunes siguiente, cogeremos nuestro e-reader para estudiar los apuntes de la universidad o para llevárnoslo de viaje, porque han llegado las vacaciones y tantos libros no caben en una pequeña maleta. Es mucho más cómodo. Además con él podremos leer por la noche sin tener que encender la luz y molestar a nadie.

Ahora… ¿Que pasará en un futuro? Actualmente ya se están diseñando nuevos e-readers flexibles, que imitan las hojas de papel… o con color, como cualquier libro normal. ¿Quizá algún día se invente una tecnología que permita a los e-readers tener páginas físicas? ¿Quizá compraremos un libro en blanco con minúsculos chips incorporados y entonces las letras cambiarán, apareciendo y desapareciendo, para adaptarse al título que estemos leyendo?

Porque una cosa está clara y es que, pase lo que pase, nunca será lo mismo acabar una novela cerrando el libro que haciendo click en una crucecita de la pantalla.

Nos encantaría saber tu opinión personal… ¿Tienes algún e-reader o tienes pensado comprar alguno? ¿Cuál ha sido tu experiencia con él? ¿O por otra parte crees que lo mejor sería tirar a la hoguera todos los lectores electrónicos y no volver a saber nada de ellos? 

                                                

Este post es una colaboración de Pablo Olóndriz. Pablo trabaja en ComprarebookYa, una web dedicada al ebook, en la cual se ofrece toda la información, análisis y comparativas sobre e-readers.
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